| El
tango siguió las peripecias de la gente, tuvo
sus momentos de gloria y también períodos
de crisis y dolor como los tuvieron argentinos y uruguayos;
fue solidario con la evolución de los pueblos.
Cuando en el Río de la Plata florecía
la economía, el arte, y era reconocido su fútbol
imbatible, el tango mostraba toda su pujanza.
En tiempos
de crisis el género parecía adormecido
y muchas veces derrotado por las novelerías que
llegaban del exterior.
Sin embargo en el mundo mantenía
toda su vigencia. Pero una y otra vez resurgió
el tango con nuevos autores, notables cantores y espectaculares
bailarines.
El
tango es inmortal, tiene la fuerza
vital que en mayor o menor proporción le dan
los pueblos a través de los años, y seguirá
siendo universal mientras haya un corazón desesperado
por besar los labios de una mujer, mientras se tenga
una traición para contar, una queja que transmitir
o una alegría para compartir.
El tango no es
un hecho aislado, ni nace de golpe por generación
espontánea un cierto día, y en un lugar
identificable o determinado. El tango es de modo general,
arte americano. |