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Carlos Gardel es unánime y universalmente reconocido como el más grande intérprete de la historia del tango.
Figura mítica y venerada casi hasta la santidad, su nombre es sinónimo de tango. Dentro de la música popular el mundo no ha conocido un caso de vigencia como el suyo que, lejos de decrecer, aumenta cada día.
La figura de Carlos Gardel
forma parte de la leyenda, del folclore popular y de
esa especie de secreta sabiduría que se recrea
en los mostradores de los bares y en las nocturnas confesiones
de la ciudad.
Todo sobre su vida personal es confusa, misteriosa y controvertida, y hay tantas afirmaciones, testimonios, cartas, investigaciones y conclusiones contradictorias sobre su identidad, nacionalidad, fecha de nacimiento, sobre quién era su verdadera madre, sobre su pasado familiar, aspecto físico, personalidad, vida amorosa y hasta circunstancias relacionadas con su muerte, que todo parece quedar en penumbras para que sólo rescatemos el eco de su voz.
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| Gardel
irradiaba una simpatía natural, casi inexplicable,
que conquistaba sin remedio a quienes lo trataban. Se
le sumaba a esto una condición artística,
una calidad interpretativa y una variedad expresiva
tan fuera de lo común, que alcanzan y sobran
para justificar su vigencia y la adoración que
el pueblo siente por él.
Los géneros que más cultiva en sus comienzos serán las cifras y los estilos, los valses criollos y las vidalitas, y sólo muy lentamente irá evolucionando hacia el tango, que recién logra imponer al promediar la segunda década del siglo, cuando canta “Mi noche triste”, comienzo de una serie que abarcará 526 tangos, algunos grabados 3 y 4 veces, y generalmente con distintos acompañamientos.
Posee una condición excepcional
de voz bien timbrada, sentido musical notable, expresividad
incomparable, tono interpretativo exacto e incluso la
peculiaridad de un pintoresco lenguaje encuadrado en
la flor del lunfardo y que se escucha como un invento
de su cosecha, en los dichos accesorios que injerta
espontáneamente en sus canciones, tal cual se
recuerda “Leguisamo solo”, “En la tranquera”, “Soy una
fiera”, “Che Bartolo”,”El que atrasó el reloj”
y otros.
A todo ello el cantor agrega la expresividad
de su rostro, que unida a sus atributos vocales, concreta
para el espectador la presencia de “alguien que relata
y conmueve”, constituyendo “un actor de tangos”. Esta
condición, tomó dimensión máxima
en algunas de las canciones de sus películas,
tal fue el caso de “Cuesta Abajo”, “Tomo y obligo”,
“Sus ojos se cerraron”, y muchas otras.
El milagro de su voz y personalidad le permitieron cantar en diferentes idiomas y en territorios totalmente ajenos a su especialidad real. Tuvo también una importante veta autoral, con un total de 82 temas de diverso género; como no conocía música, componía silbando sus canciones, y un músico las escribía en el pentagrama. De no haber sido el extraordinario cantor que fue, su obra como compositor es lo suficientemente importante, como para haber logrado sólo con ella, un nombre en el tango.
Carlos Gardel, producto de
una época donde la publicidad estaba en pañales,
batió todos los records de fama en el Río
de la Plata. A 70 años de su muerte (24de junio
de 1935), todavía nos seguimos preguntando cuál
es en realidad la verdadera llave del misterio; sólo
sabemos acaso que todo comienza con su voz.
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